Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Carmen Pellicer

Procesamos la información y aprendemos de maneras distintas

¿Cómo buscas información en Google? Yo voy abriendo documentos que leo por encima y guardo en el escritorio del ordenador para cuando tenga tiempo de mirarlos con calma… ¡y eso nunca llega! Después de abrir quince o veinte, te das cuenta de cómo unos copian a otros y vas sacando los cuatro aspectos clave y quién fue el primero que escribió el original. Necesito tener una visión general del tema que estoy buscando, no importa si es algo muy técnico o si estoy explorando lo que dicen los medios de comunicación sobre una noticia que acaba de ocurrir.

Por el contrario, hay quién prefiere ir por orden, abrir un documento, leerlo y extraer las ideas principales y guardarlo en una carpeta virtual con un subtítulo aclarativo. Maneja de forma organizada un volumen mucho menor de información, pero si está seleccionada con rigor, acaba alcanzando también una visión completa.

También hojeo primero el periódico de atrás hacia delante, y después vuelvo para pararme en algún artículo que me interesa, mientras que hay quien lo lee en orden riguroso, saltándose lo que no es relevante.

El modo  en el que percibimos las situaciones y procesamos la información nos predispone a aprender de maneras distintas. No es una cuestión de habilidades o eficacia sino más bien de preferencias en el modo de organizar la información que llega a nuestra mente.

Ante una situación con grado de tensión positiva algunas personas tendemos a formar rápidamente una visión global de la situación, de manera amplia mientras que otros memorizan con más facilidad los detalles y necesitan organizar con cierta lógica todas las piezas para poder sacar sus conclusiones. 

 Todos combinamos ambos tipos de visión, cuando abordamos una tarea, aunque en cada persona predomina una de ellas inicialmente. En el aula esto es fácilmente observable. Algunos alumnos disfrutan cuando pides tareas abiertas, trabajos, proyectos que tocan muchos aspectos y que engloban de forma flexible diferentes actividades. Pero para otros, las fichas, o los registros pautados de actividades, les hacen sentirse más seguros y se pierden en temas amplios.

Para los primeros, la tentación es la dispersión, perderse sin focalizar en los objetivos de lo que se proponen hacer, y elaborar juicios precipitados sin recoger suficientes evidencias o actuar con una cierta impulsividad. Para los segundos, la cabezonería intelectual es un peligro, cerrarse y no ver más allá de lo inmediato, o no poder distanciarse de las situaciones para valorar con una perspectiva adecuada las situaciones.

Cuando creamos equipos de trabajo, es muy eficaz juntar ambos perfiles, porque pueden abordar el trabajo de forma que cada uno contribuya a desarrollar lo que los otros necesitan. La apuesta por estimular el trabajo cooperativo en clase supone un compromiso con la personalización en la organización del aula, si queremos que sea eficaz



escrito el 13 de diciembre de 2012 por en General


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