Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Carmen Pellicer

La curiosidad y el deseo de aprender

¿Cuál es una de las actividades preferidas de ocio de las adolescentes, y las no tan jóvenes? Ir de compras… en tiempos de crisis, ir de rebajas… Es sorprendente como una actividad que era un medio para obtener algo que necesitábamos, se convierte en un fin en sí misma, y salimos a deambular por los grandes almacenes y centros comerciales, esperando que algo llame nuestra atención y despierte nuestro deseo. Hay días en que eso ocurre con facilidad y otros donde nada la despierta… hay quién encuentra cientos de gangas y a quién nada le atrae. O quién impulsivamente se deslumbra y compra cosas que al llegar a casa descubre inútiles… ¿Qué ocurre en nuestra mente para que se despierte el deseo por algo que inicialmente no estaba allí? y sobre todo, ¿cómo sabemos reconocer la disposición hacia la tarea que traen los alumnos cuando entran en clase, y modificarla provocando el deseo de aprender? ¿Podemos despertar su curiosidad cuando no se genera de forma espontánea?

A muchos de nosotros la rutina nos mata. Cuando algo se convierte en habitual, perdemos interés, y muchas cosas pasan desapercibidas. Sin embargo a veces nos gusta leer de nuevo las novelas de las que sabemos el final y disfrutamos de películas que ya hemos visto muchas veces. Los niños pequeños piden reiteradamente ver el mismo vídeo y siguen sonriendo y mostrando sorpresa ante escenas que de sobra les resultan conocidas. Aproximarnos a lo conocido, descubriendo otras dimensiones ocultas, también es síntoma de esa actitud de apertura que se sorprende incluso ante lo que nos resulta muy familiar.

La curiosidad es una actitud ante las cosas nuevas, desconocidas o poco usuales. Si la motivación se centra sobre todo en la posibilidad de que los alumnos se vean movidos a prestar atención, la curiosidad describe cómo prestan esa atención. Es un modo de mirar la realidad descubriendo lo sorprendente y generando preguntas sobre ello y deseando saber más. La motivación depende mucho del objeto que la despierta, pero la curiosidad inicialmente está más ligada a una disposición del ánimo, al grado de receptividad hacia lo que percibimos y cómo esto nos engancha en el momento inicial de aprendizaje.

Podemos identificar dos momentos en la actitud inicial de curiosidad de los alumnos:

  • Encuentran lo inusual, sienten una cierta atracción hacia lo que no conocemos, lo que les dispone mejor para tener experiencias valiosas de aprendizaje y les sitúa en un estado de alerta, de mayor atención hacia lo que les rodea.
  • Se provocan preguntas, exploran espontáneamente y desean saber más sobre aquello que tenemos delante, lo que les ayuda a no dar la primera impresión como definitiva y a seguir buscando y procesar la información con mayor profundidad.

¿Pero es suficiente? La inclinación inicial a conocerlo todo es efímera… Solo permanece si aquello que descubrimos nos hace disfrutar, y genera un proceso de implicación y crecimiento personal. ¿Cómo crear, a partir de esos instantes de sorpresa inicial y tensión de búsqueda, preferencias estables y un grado de interés permanente hacia lo que queremos que aprendan?

  1. Crear un contexto de intriga, buscando elementos que les descoloquen, que sean inesperados, que rompan con sus ideas previas de lo que va a ser la clase, y generar conexiones con otros aprendizajes ajenos a la materia e incluso al aula o la escuela. En este momento tienen que descubrir la relación entre lo que les provoca el deseo incipiente de saber y el compromiso con la parte más ardua de llegar a la meta.
  2. Mantener lo que Sylvan Tomkins llamaba  ‘un interés sostenido’ durante un periodo largo de tiempo. Esto requiere que se sientan desafiados pero a la vez capaces de lo que tienen que abordar, y seguros de que alcanzar el éxito es posible. Para convertir la curiosidad en interés podemos:
  • Plantear algunas actividades donde obtengan éxitos tempranos, mejoras rápidas, y sensación de estar en el buencamino, haciendo las cosas bien… y mimar esos primeros éxitos.
  • Plantear cuestiones, desafíos o problemas que sean reales y les lleven a relacionar lo que aprenden con aquello que les preocupa o les apasiona ‘fuera del laboratorio escolar’.
  • Hacerles ver con claridad el futuro inmediato, dónde quieres llevarlos, y antes de acabar un paso, dejarles vislumbrar cuales son las ventajas de alcanzar el siguiente.
  • Ir soltando la cuerda y dejarles gradualmente mayor grado de autonomía para que su búsqueda y aprendizaje incorpore elementos propios, que les ayuden a disfrutar de lo que hacen, dejándonos sorprender por ellos.


escrito el 20 de marzo de 2013 por en General


1 Comentario en La curiosidad y el deseo de aprender

  1. Riekka | 23-04-2013 a las 16:45 | Denunciar Comentario
    1

    Muy interesante.

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