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Repensar la Educación

Carmen Pellicer

Las tentaciones de los orientadores

Llevo años soñando con mi escuela perfecta… Cuando entro en los centros y veo las mesas diferentes en las aulas, los murales llenos de trabajos reveladores de los alumnos, pasillos con casilleros originales, la forma en que se organiza eficazmente un comedor, cómo hace un profesor una dinámica o genera un clima de tensión atenta en clase, lo bien que envejece un tipo de fachada, la estructura de un edificio nuevo, cómo solventar grandes problemas o pequeñas dificultades de forma creativa y original… archivo en mi mente esas imágenes que van construyendo un puzle de mil y una piezas que jamás será posible encajar. Porque lo ideal suele estar reñido con lo posible…. pero lo posible está siempre más lejos de lo real. Innovar es acercar esas tres dimensiones… orientar es asegurarse que no se pierde el rumbo.

824389Innovar, orientar, liderar, dirigir, acompañar, crear y transformar, son aspectos distintos de la vida de un centro escolar que son compartidos, de formas diversas, por los docentes encargados de educar a los niños y adolescentes, cada uno desde su función y competencias específicas. Por eso la Orientación no es la responsabilidad exclusiva de especialistas que trabajan al margen o en paralelo a las aulas más académicas, sino que es una función que se ejerce constantemente en todas las actividades que realizamos y que precisamente garantiza que todas ellas se encaminen eficazmente a nuestro propósito común. Todos somos orientadores y marcamos el rumbo que toma nuestra escuela, y cuando remamos en direcciones distintas, no importa con cuanta fuerza, la nave no se acerca a ningún destino. La figura del especialista, del equipo de orientación escolar, tiene entonces un rol de animación, de coordinación, de dibujar los mapas por los que transcurren nuestros viajes, a la vez que mantiene alerta, brújula en mano, a los que llevan el timón.

Pero cuando pensamos en el Departamento de Orientación de un centro escolar estamos condicionados por la experiencia de los últimos años, que ha ido transformando el planteamiento optimista de la LOGSE en un servicio reducido y no siempre garantizado de recursos humanos y materiales, dedicados a apagar fuegos vinculados a los conflictos y dificultades que plantean la diversidad de alumnos y familias con necesidades de todo tipo. ¿Qué no querríamos los educadores que este departamento fuera en un centro de futuro? ¿Cuales son las tentaciones de emergencia que se comen nuestro tiempo y nuestros espacios de reflexión?

  • Ser una central de bomberos que apagan fuegos sin orden a medida que surgen. Esta imagen la utilizan muchos orientadores, desbordados por las demandas de profesores y alumnos, y por el incremento de los problemas de disciplina en los centros, especialmente de secundaria.
  • Convertir las dificultades y el resultado de procesos educativos erróneos en patologías. La presión de ‘medicalizar’ las necesidades de aprendizaje es cada vez más frecuente y se atribuyen diagnósticos con cierta precipitación a problemas que suelen venir de los errores cometidos por los adultos que conviven con los niños. Todo parece ser ahora TDH, como si eso ayudara a tranquilizar a los padres que no aguantan la tensión de educar y hacer respetar las normas de la convivencia.
  • Acabar como un centro de terapia familiar. Las entrevistas con las familias sobre la evolución de los alumnos acaban revelando que la raíz de muchos problemas no es académico, y  se generan expectativas en situaciones muchas veces delicadas. Se puede acabar haciendo de consejeros de pareja y paño de lágrimas más allá de lo puramente escolar pero sin el tiempo, la obligación o la preparación suficiente para hacer un seguimiento adecuado.
  • Suplir a la asistenta social, ausente de nuestros centros educativos, buscando en una situación económica cada vez más difícil subvenciones, ayudas, becas, legales o sumergidas, para ayudar a las necesidades básicas de los alumnos en situación de desventaja social. Y pautar cosas tan básicas como que los niños coman, duerman, se laven y acudan al pediatra cuando lo necesitan.
  • Ser un lugar de ‘aparca-niños’ cuando ya no se puede con ellos. Sacar del aula a los alumnos con dificultades se ha convertido en un hábito que incluso se valora como posi
  • 808027tivo y que absorbe mucho del tiempo real de dedicación al centro de la orientadora, supliendo a la PT.
  • Ocuparse de asuntos exóticos varios: convocatorias del último capricho que afecta a la administración, proyectos de mejoras varias que se traducen en planes que se elaboran y pocas veces se les da tiempo de madurar, rellena-papeles e informes y burocracias varias y poco determinadas que acaban en la mesa del departamento.
  • Actuar de relaciones públicas y agentes de turismo local para convocatorias varias que afectan a las iniciativas de organizaciones, ayuntamientos, y ONG que proponen actividades en colaboración con los centros. También la representación del centro en las reuniones de asuntos varios que afectan a otros centros de alrededor, cuando la finalidad es altamente difusa o poco vinculada con el currículum más académico.

¡Claro que hacemos todo esto! porque muchas veces no hay nadie más y nuestra profesionalidad y compromiso con los niños hacen que nos impliquemos más allá de lo esperable e incluso de lo sensato. Pero lo urgente no debe impedirnos blindar tiempo y recursos para lo importante, que supone una inversión en el proyecto de futuro de una escuela que se sueña mejor.

 (Fragmento publicado en Educadores)



escrito el 25 de octubre de 2013 por en General


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